Por Enrique Cobo | Wherever Miami
Antes de emigrar, había cosas que uno ni siquiera pensaba agradecer.
La voz de mamá desde la cocina. Un amigo que llegaba sin avisar. El ruido de una reunión familiar. Una conversación en la puerta de la casa que empezaba con “cinco minuticos” y terminaba dos horas después.
Todo eso parecía parte del paisaje. Uno pensaba que siempre iba a estar allí.
Hasta que un día preparó una maleta.
Y en esa maleta metió ropa, documentos y las ganas de salir adelante. Pero quedaron afuera muchas cosas que no cabían: los domingos en familia, los olores de la casa, los abrazos conocidos y esa tranquilidad de estar entre gente a la que no había que explicarle quién era uno.
Emigrar también es descubrir cuánto valía lo cotidiano.
Aquí uno aprende calles nuevas, palabras nuevas y hasta una manera nueva de contestar el teléfono. Aunque, cuando nos hablan inglés demasiado rápido, todavía miramos el celular como si él tuviera la culpa.
Nos reímos, trabajamos, resolvemos. Pero hay días en que basta escuchar una canción o sentir el olor de un café para que algo se nos mueva por dentro.
Y lo que extrañamos puede ser algo tan sencillo como sentarnos en una cocina mientras alguien que queremos pregunta: “¿Ya comiste?”.
Quizás en aquel momento respondíamos sin levantar la mirada. Hoy daríamos mucho por escuchar esa pregunta en persona.
Ahí es donde el agradecimiento deja de ser una palabra bonita y se vuelve algo que sentimos.
Distintas tradiciones nos recuerdan, cada una desde sus propias creencias, el valor de agradecer y de cuidar nuestras palabras. En el judaísmo existe una oración de gratitud al despertar; el cristianismo invita a dar gracias en toda circunstancia; el islam reconoce la gratitud hacia Dios; y la enseñanza budista nos llama a hablar con verdad, sin herir ni dividir. Sus diferencias son profundas, pero estas enseñanzas ofrecen puntos de encuentro para nuestra vida diaria.
Yo encuentro en ellas una invitación muy humana: mirar con más atención a quienes tenemos cerca.
Porque uno puede vivir agradeciendo lo que dejó atrás y, sin darse cuenta, empezar a dar por sentado lo que tiene ahora.
Al amigo que pregunta cómo vamos. A la persona que nos recomendó para un trabajo. Al cliente que confió en nosotros. A quien nos escuchó una noche en que estábamos cansados de hacernos los fuertes.
También al hijo que llama, a la pareja que acompaña, al nieto que nos reconoce la voz y nos recibe con esa alegría que por un rato nos acomoda el corazón.
Esta vida que estamos construyendo también tiene personas y momentos que merecen que nos detengamos.
Ojalá podamos agradecerlos mientras están ocurriendo.
Decirle a alguien: “Me hizo bien que me llamaras”.
“Gracias por ayudarme cuando estaba empezando”.
“Qué alegría verte”.
“Te extraño”.
A veces creemos que los demás ya saben lo que sentimos. Pero escuchar esas palabras tiene su propio valor. A mí también me haría bien escucharlas.
Y hay otras palabras que necesitamos cuidar: las que nos decimos cuando estamos solos.
Muchos inmigrantes terminamos el día repasando lo que falta. Los papeles, el dinero, el inglés, las metas, la incertidumbre. Nos exigimos tanto que dejamos sin reconocer todo lo que hicimos para llegar hasta aquí.
Hoy podríamos decirnos algo más justo:
“Estoy cansado. Ha sido difícil. Y aun así, he seguido adelante”.
Agradecer lo que hemos conseguido puede convivir con la tristeza por lo que extrañamos. Podemos amar el lugar donde estamos y sentir que nos hace falta nuestra gente. Podemos tener esperanza y necesitar un abrazo.
Hay espacio para todo eso en una misma persona.
Esta noche, piensa en alguien cuya presencia te haya hecho bien. Si puedes, llámalo. Si lo tienes cerca, busca un momento para estar con él. Y si ya no está, permite que ese recuerdo te acompañe con el cariño que merece.
Después mira tu día. Quizás hubo algo pequeño que pasó casi inadvertido: una conversación, una comida compartida, una mano que te ayudó.
Quédate un momento allí.
Desde Wherever Miami, la voz de los que están empezando de nuevo, quiero recordarte algo que yo también necesito recordar: la vida que hoy estamos viviendo contiene momentos que algún día vamos a extrañar.
Vamos a darles atención. Vamos a decir lo que sentimos. Vamos a agradecer, paso a paso, mientras tenemos la oportunidad.
Lo mejor está por venir. Y hoy también hay alguien, o algo, que merece nuestro gracias.
SOBRE EL AUTOR | ENRIQUE COBO
Enrique Cobo es un locutor, creador de contenido y productor de eventos venezolano radicado en Miami, con más de dos décadas de trayectoria en comunicación. Es el creador de Wherever Miami, un espacio que comparte entrevistas, reflexiones e historias de inmigrantes, emprendedores y personas que están comenzando de nuevo.
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Lo mejor está por venir.

