Canadá busca en Europa una alternativa a EE. UU.

Canadá busca en Europa una nueva estrategia comercial ante la presión de Trump

Subtítulo / bajada: Mark Carney acelera la diversificación económica y estratégica de Canadá mientras impulsa una relación más profunda con la Unión Europea. La propuesta de una eventual “membresía asociada” todavía está en definición y podría marcar un nuevo capítulo en las relaciones transatlánticas.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, está acelerando un giro en la estrategia internacional de Canadá para reducir su dependencia económica de Estados Unidos y ampliar sus vínculos con Europa. El movimiento se produce en medio de las tensiones comerciales con la administración de Donald Trump y después de décadas de una integración económica particularmente estrecha entre ambos países.

Durante los últimos días, Carney intensificó sus contactos con dirigentes europeos. Visitó Estrasburgo, se dirigió al Parlamento Europeo y se reunió con dirigentes de la Unión Europea. El domingo 20 de septiembre mantuvo además un encuentro con el presidente francés, Emmanuel Macron, en Saint-Pierre-et-Miquelon, donde ambos gobiernos acordaron profundizar la cooperación en áreas como defensa, energía, espacio y tecnologías avanzadas.

El objetivo declarado por Ottawa no es sustituir a Estados Unidos por Europa de manera inmediata, sino construir una red de relaciones económicas y estratégicas más diversificada.

Una relación con Estados Unidos que sigue siendo fundamental

La economía canadiense continúa estrechamente vinculada al mercado estadounidense. Según Statistics Canada, en 2025 Estados Unidos recibió el 71,7 % de las exportaciones canadienses de mercancías, frente al 75,9 % registrado en 2024. Aunque la proporción disminuyó, el mercado estadounidense continúa siendo, por amplio margen, el principal destino de los productos canadienses.

La concentración comercial es especialmente significativa en sectores como energía, automóviles y manufactura, donde existen cadenas de suministro integradas a ambos lados de la frontera.

Por eso, la estrategia de Carney no supone cortar los vínculos con Estados Unidos. Su gobierno plantea ampliar las alternativas de Canadá para evitar que una sola relación comercial determine las posibilidades económicas del país.

En un discurso ante el Parlamento Europeo, Carney sostuvo que el objetivo no es alcanzar la autosuficiencia, sino aumentar la resiliencia colectiva mediante una mayor diversificación de mercados y alianzas.

Europa gana peso en la estrategia canadiense

La Unión Europea ocupa ya un lugar importante en la economía canadiense. El gobierno de Canadá señala que el bloque europeo es su segundo mayor socio comercial mundial en bienes y servicios, después de Estados Unidos.

En 2025, el comercio bilateral entre Canadá y la Unión Europea alcanzó los 178.600 millones de dólares canadienses en bienes y servicios. La relación comercial está respaldada además por el Acuerdo Económico y Comercial Global, conocido como CETA, que se aplica provisionalmente desde 2017.

Carney pretende ir más allá de ese acuerdo.

En su intervención ante el Parlamento Europeo, presentó una visión de una asociación más integrada que incluya sectores estratégicos como minerales críticos, energía, inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, defensa, servicios financieros y espacio. También planteó fortalecer los vínculos entre ciudadanos mediante oportunidades para estudiar, trabajar y viajar entre ambos lados del Atlántico.

La propuesta de una “membresía asociada” todavía está en construcción

Uno de los elementos que más atención ha generado es la posibilidad de que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea.

La propuesta fue planteada públicamente por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su discurso sobre el Estado de la Unión. Carney recibió favorablemente la idea y respaldó una relación mucho más profunda entre Canadá y Europa.

Pero existe una precisión fundamental: la Unión Europea no cuenta actualmente con una categoría formal de “membresía asociada”. Por lo tanto, no existe todavía un mecanismo establecido que permita convertir automáticamente la propuesta en un nuevo estatus para Canadá. Cualquier fórmula tendría que ser definida y negociada con los Estados miembros de la UE.

La discusión, por ahora, se centra más en el alcance de una futura asociación que en una incorporación de Canadá al bloque europeo.

Canadá tampoco está planteando convertirse en miembro pleno de la Unión Europea.

Defensa, energía y tecnología entran en la ecuación

La nueva relación propuesta tiene un componente que va mucho más allá del comercio.

Ottawa y Bruselas están explorando una cooperación más estrecha en minerales críticos, energía, defensa, inteligencia artificial, investigación y tecnologías avanzadas. Canadá también se convirtió en 2026 en el primer país no europeo en incorporarse a la iniciativa europea SAFE, relacionada con adquisiciones de defensa.

El encuentro de Carney con Macron en Saint-Pierre-et-Miquelon reforzó esta dimensión estratégica. Los dos gobiernos acordaron que sus agencias espaciales, ministerios de Defensa e industrias trabajen en el desarrollo y uso compartido de infraestructura espacial, incluidos sistemas de lanzamiento y capacidades terrestres de recepción y control.

La ubicación de Saint-Pierre-et-Miquelon también tuvo un componente simbólico y estratégico. El pequeño territorio francés frente a la costa de Terranova convierte a Francia en un vecino directo de Canadá y funciona como un vínculo geográfico entre Europa y América del Norte.

Canadá también busca mercados fuera de Europa

La diversificación de Ottawa no se limita a la Unión Europea.

El gobierno de Carney ha señalado que Canadá pretende ampliar el acceso de sus empresas a mercados de Asia y otras regiones. En septiembre, el primer ministro afirmó que los acuerdos comerciales existentes proporcionaban acceso preferencial a aproximadamente 1.500 millones de consumidores y que Ottawa pretende ampliar significativamente esa cifra mediante nuevos acuerdos, incluyendo negociaciones con India y países de la ASEAN.

La intención es aumentar el peso de las exportaciones hacia mercados distintos de Estados Unidos durante la próxima década.

Los datos de Statistics Canada muestran que ese proceso ya había comenzado: en 2025, las exportaciones canadienses de mercancías hacia países distintos de Estados Unidos aumentaron un 17,2 %, mientras las exportaciones hacia Estados Unidos disminuyeron un 5,8 %.

La próxima prueba será la cumbre Canadá-UE

El siguiente momento importante para esta estrategia será la cumbre Canadá-Unión Europea prevista para el 29 y 30 de octubre en Montreal.

El Consejo Europeo ya confirmó las fechas y la sede del encuentro. La reunión podría servir para definir con mayor precisión qué forma adoptará la nueva asociación propuesta entre Canadá y la UE y qué acuerdos concretos pueden avanzar en comercio, seguridad, energía, tecnología y defensa.

Por ahora, la propuesta sigue en una fase política y diplomática. No existe todavía una “membresía asociada” formal ni un acuerdo que transforme a Canadá en parte de las instituciones de la Unión Europea.

Lo que sí está claro es que Ottawa está intentando modificar la estructura de sus relaciones exteriores. Después de décadas en las que Estados Unidos ocupó una posición dominante en el comercio canadiense, el gobierno de Carney busca ampliar las opciones de Canadá mediante una combinación de acuerdos comerciales, inversión, cooperación tecnológica y alianzas estratégicas.

La apuesta europea no elimina la importancia del mercado estadounidense. Pero sí refleja un cambio en la estrategia canadiense: diversificar para reducir la dependencia de un solo socio y aumentar el margen de maniobra económico y político del país.

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