24 de septiembre de 2026
El fenómeno de El Niño se intensifica mientras el planeta atraviesa temperaturas cada vez más elevadas, una combinación que podría aumentar el riesgo de sequías, inundaciones y pérdidas de cosechas en distintas regiones del mundo.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que todavía existe margen para reducir parte de los daños, pero las medidas de prevención deben comenzar cuanto antes. La organización plantea que los gobiernos deberían poner en marcha acciones de protección de la producción agrícola antes de febrero o marzo, cuando comenzará a ser más difícil modificar los efectos sobre la próxima cosecha.

Un El Niño más intenso en un planeta más cálido
La Organización Meteorológica Mundial prevé que el actual episodio alcance una intensidad “muy fuerte”, la categoría más elevada de su clasificación.
Aunque el máximo del fenómeno está previsto hacia finales de este año, sus consecuencias podrían prolongarse durante los meses siguientes. Los especialistas advierten que alcanzar el punto máximo no significa que sus efectos terminen inmediatamente.
El fenómeno se origina en el Pacífico tropical, pero sus consecuencias pueden extenderse a miles de kilómetros al modificar los patrones de temperatura y precipitaciones en diferentes partes del planeta. Para las zonas agrícolas, estos cambios pueden determinar si una temporada termina con una producción suficiente o con pérdidas importantes.
Kaveh Zahedi, subdirector general de la FAO y responsable climático de la organización, señaló que este episodio se está desarrollando sobre una base térmica más elevada. Según explicó, el hecho de que El Niño ocurra en un mundo más caliente puede magnificar algunos de sus impactos.
África, Asia y América Central entre las regiones de mayor riesgo
La FAO identifica una elevada probabilidad de sequía agrícola en África austral, el Sahel, el Corredor Seco de América Central y algunas zonas del sur y sudeste de Asia.
En otras regiones, el problema podría ser el contrario: un exceso de precipitaciones y un aumento del riesgo de inundaciones.
El calentamiento inusual de las aguas también podría afectar a la pesca y los medios de vida de comunidades costeras, aumentando la presión sobre poblaciones que dependen directamente de los recursos marinos.
La combinación de datos históricos, pronósticos estacionales e indicadores de inseguridad alimentaria permite identificar con mayor precisión las zonas que podrían quedar expuestas. Según el material analizado, algunos modelos permiten delimitar áreas vulnerables con una resolución cercana a un kilómetro cuadrado.
El precedente de 2023 y 2024
Los episodios recientes ofrecen una referencia sobre el impacto que puede tener un fenómeno de estas características.
En Marruecos, el calor extremo y la sequía redujeron en un 43 % los rendimientos de cereales.
En África austral, la sequía fue considerada la peor en más de un siglo. La emergencia dejó a 61 millones de personas necesitadas de asistencia, mientras más de ocho millones enfrentaron situaciones de inseguridad alimentaria. Las pérdidas agrícolas también contribuyeron al aumento de los precios de algunos alimentos básicos.
Para la FAO, ese antecedente demuestra la importancia de actuar antes de que los efectos climáticos alcancen su máxima intensidad.
Los científicos proyectan un fuerte impacto del calor
Una estimación citada en el informe calcula que más de 450.000 personas podrían morir como consecuencia del calor adicional asociado al actual episodio de El Niño durante los próximos seis meses, entre septiembre de 2026 y febrero de 2027.
Se trata de una proyección científica, no de un número de muertes ya registradas. La estimación tampoco incluye posibles fallecimientos adicionales derivados de sequías, incendios forestales e inundaciones.
Según esta proyección, entre los países con mayores impactos se encuentran Nigeria, Indonesia, Sudán, India y Brasil, mientras que el Sahel africano y el sudeste asiático aparecen entre las regiones con mayor riesgo.
Todavía existe margen para proteger las cosechas
A diferencia de otros fenómenos naturales que pueden aparecer con muy poca anticipación, El Niño puede ser observado mientras se desarrolla en el Pacífico. Esto ofrece a los gobiernos y productores una oportunidad para prepararse.
Entre las medidas planteadas por la FAO se encuentran el uso de semillas resistentes a la sequía, una mayor capacidad de almacenamiento de agua, recuperación de los suelos, protección del ganado y sistemas de alerta temprana que permitan modificar las fechas de siembra o cambiar determinados cultivos.
Zahedi considera que todavía es posible reducir parte de los daños, pero insiste en que el tiempo disponible es limitado. La FAO plantea que las principales medidas deberían estar implementadas para febrero o marzo con el objetivo de proteger la próxima producción agrícola.
Menos financiación para afrontar un riesgo creciente
Uno de los problemas señalados por la FAO es la disminución de los recursos destinados a preparar los sistemas alimentarios frente al cambio climático.
Un próximo análisis de la organización estima que la financiación para el desarrollo vinculada al clima destinada a los sistemas agroalimentarios cayó un 10 % en 2024, hasta situarse en aproximadamente 26.900 millones de dólares.
Los sectores de cultivos, ganadería, bosques y pesca recibieron cerca del 5 % del total de la financiación climática para el desarrollo. En África, estos recursos disminuyeron un 20 %, pese al aumento de la financiación climática global destinada al continente.
Para la FAO, aumentar estos recursos resulta fundamental para fortalecer la capacidad de respuesta de los productores y reducir la vulnerabilidad de los sistemas alimentarios.
El desafío va más allá de El Niño
La organización considera que las medidas para afrontar este episodio también pueden servir para preparar la agricultura frente a un clima cada vez más cálido e imprevisible.
La recuperación de tierras degradadas, la agroforestería y modelos más sostenibles de ganadería y acuicultura aparecen entre las estrategias que pueden contribuir simultáneamente a fortalecer la producción, proteger la biodiversidad y reducir las emisiones.
El Niño no puede evitarse, pero sus posibles impactos pueden anticiparse. Para la FAO, la diferencia entre una crisis de gran magnitud y una temporada difícil podría depender, en buena medida, de las decisiones que se adopten durante los próximos meses.



